Invitado sorpresa

¿
Cómo era posible que aquel agente, también perteneciente al Servicio Secreto de su Majestad, lo supiera todo acerca de la misión de Bond? ¿Acaso M le había tendido una trampa para eliminarle durante el transcurso de la misma? ¿O simplemente era algo personal del agente? Pronto lo descubriría, siempre y cuando el agente prolongara un poco más la realización del disparo, ya que le estaba apuntando en la nuca. Y lo peor de todo, o al menos lo que más rabia le daba a 007, es que le había pillado justo cuando se disponía a concluir la operación con éxito: el traidor sabía cuál era su punto de extracción en aquella instalación terrorista.

- Bueno, sr. Bond, parece que después de todo, va usted a fracasar una misión por primera vez.

- Pues sí, así es, pero ¿no podría decirme por qué lo hace?

- La verdad es que no, no me apetece darle ese placer, así que despídase.- fue entonces cuando Bond dio un golpe en el suelo con la puntera de su bota izquierda. Esto hizo que se disparara un dardo del tacón en dirección al muslo de su contrincante; un dardo especialmente diseñado por Q para provocar un fuerte dolor, ya que nada más clavarse despliega una serie de púas que, además, vierten un somnífero de gran intensidad. Combinando este golpe con otro mucho más contundente por parte de su codo derecho sobre la muñeca del agente, 007 logró que perdiera su pistola. El traidor le atacó con toda su furia, en una sarta de patadas y movimientos característicos de todo agente inglés que se precie de serlo. Bond apenas pudo defenderse ante semejante vorágine de golpes, de modo que acabó cayendo al suelo con algo de sangre y varias magulladuras. Su rival se lanzó después sobre él con un puñal en la mano, pero en ese momento hizo efecto la inyección, así que 007 le pudo detener con una simple patada. El agente cayó a su lado totalmente inconsciente. “Dulces sueños”, le susurró antes de ponerse en pie, recoger la pistola y proseguir con su huída.

El problema ahora estaba en que el retraso provocado por aquella pelea había sido suficiente para que el guardia destinado a vigilar aquel cuarto de contadores se pasara por allí cuando Bond aún no le había abandonado. Además, había un cuerpo con el que 007 no contaba. Dado que apenas dispuso de unos segundos desde que oyó acercarse al guardia, lo único que pudo hacer fue ocultarse tras la puerta. Una vez el vigilante la abrió, se dirigió a inspeccionar el cadáver. En cuanto se agachó, Bond le propinó un fuerte golpe en la nunca, de modo que cayó aturdido sobre el que fuera agente secreto inglés. “No te quejarás: ahora tienes compañía”, murmuró, tan sarcástico como siempre.

Ahora sí que podía salir sin más dificultades. Se dirigió a la tapa que daba acceso al alcantarillado, la quitó y comenzó a descender por la escalerilla. Pero cuál fue su sorpresa cuando oyó a otro guardia entrar en la sala de contadores. Sin pensarlo dos veces, decidió usar el cable retráctil de su reloj para realizar un descenso más rápido, dado que si el vigilante le pillaba en pleno descenso, sería un blanco muy fácil.

- ¡Alto! – le gritó justo antes de emitir una ráfaga con su ametralladora. Afortunadamente, Bond acababa de saltar sobre el riachuelo de aguas fecales, de modo que le bastó saltar en la dirección que le interesaba para que no le alcanzaran los numerosos proyectiles. El guardia, por su parte, comenzó a descender sin saber que Bond le había preparado una “sorpresa” en uno de los escalones: un explosivo que se activaría en cuanto le pisara. Sin embargo, viendo que no avanzaba todo lo rápido que debiera, el vigilante optó por deslizarse por los extremos de la escalerilla. De esta forma, evitó la bomba y llegó al túnel en un santiamén. Bond, sorprendido como pocas veces le había sucedido, empezó a correr todo lo que pudo, luchando contra la espesa corriente que le alcanzaba hasta las rodillas. El guardia le empezó a disparar, pero dada la escasa iluminación del lugar, así como la larga distancia que los separaba, erró todos y cada uno de los disparos. No obstante, Bond decidió doblar la siguiente esquina, aunque no formaba parte de su ruta de escape, porque veía que, de seguir a tiro, podría ser alcanzado con relativa facilidad.

Entretanto, en la sala de contadores, el agente traidor se había despertado. Unos segundos más tarde, se notó lo suficientemente consciente como para empezar a descender por la escalerilla y así perseguir a Bond. El ansia de venganza era lo que le estaba dando la fuerza necesaria para lograrlo. Poco a poco, escalón a escalón, se fue aproximando al túnel por el que, como sabía, 007 tenía previsto huir de la instalación. Lo que obviamente no sabía era que su rival había colocado un dispositivo que le haría explotar por los aires junto al conducto entero. “Genial, ya no me tendré que preocupar por más guardias”, pensó Bond al oír la explosión. En efecto, así era: no había ningún otro sitio para acceder al alcantarillado, al menos desde el interior del edificio. Por si fuera poco, el ruido del estallido también le sirvió para librarse del guardia que le perseguía, ya que este cometió el error de darse la vuelta para observar qué era lo que había sucedido. Bond aprovechó esa distracción para dispararle y acabar con su vida. Ahora sí que tenía vía libre para completar, de una vez por todas, aquella misión llena de imprevistos.

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